Miras la luna con ojos de asombro
repitiendo una melodía vieja.
Una que le escuchaste cantar a la abuela.
Un rostro, un movimiento, un nombre y una casa.
La de la esquina.
Las cosas que ahora sigues recordando
Flotan sobre las aguas del olvido.
Y cada vez son menos
los barcos que navegan
por tu mar de Alzheimer.