En la ciudad de Oviedo,
el aroma de la nostalgia
deambula por entre los parques y jardines;
«sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo».

El eco enamorado silba
nuestra promesa de amor.
El eco emocionado cincela
nuestros nombres,
en la muralla del tiempo.