De repente, en silencio, asola la memoria.
Sin piedad irrumpe, arrasa y borra.
Ladrón, que en suspiros, deshace los momentos.
Su yugo aniquila, de la vida, cualquier gesto.

Torna caótica la rutina; desencaja toda pieza.
Le acompaña, inseparable, la soledad más inmensa.
Se apodera de nombres; estrangula las palabras.
Jugador satírico que, en cada mueca, engaña.

Su maldición con los años, se hace más fuerte.
Devora el tiempo, confundiendo el reloj.
Apaga los sentidos y araña el corazón.

Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido;
que llega, sigiloso, para ahogarlas en su vacío.