Si no buscas el silencio cuando el tiempo devora,
mira cómo el paisaje se deshace en los dedos,
cómo regresa el agua a su matriz de piedra.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
No preguntes el nombre de la luz que se apaga,
ni si el cauce recuerda los pasos del viajero;
aquí todo brota con la fuerza de un eco,
un pulso que sostiene la memoria del barro,
la certidumbre antigua de quedar en la tierra
cuando la propia sombra se convierte en camino.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.