Tras cruzar, con un lastre de amargura,
los áridos desiertos del pasado,
he venido a la orilla con los brazos tendidos
hacia el sol de la escritura.
Y en su alquimia de días redimidos
paz he hallado y mi mal tiene su cura:
un río es mi destino y en sus aguas
se hermanan vida y muerte con un ansia
de ser en otro cauce, de volver siendo otro ser.
Y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
Que no termina nunca y siempre espera,
que no sufre en la espera, concibiendo,
caudal de resiliencia su reflejo,
perfiles de su eternidad futura.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.