Yo escuché tu llamada, como ecos lejanos
voces que en la noche estremecieron mi alma
y he venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca
porque no terminaba nunca tampoco tu mirada
ni tus pasos de mimbre alfombrando la tierra.

En mi cuerpo de astros germinaron olivos
y en mis manos azules se clavaron recuerdos
de aquellos deseos que una vez fueron el ave
de un hombre tranquilo sentado en su mesa;
dime si quieres que se hile de un verdor infinito
este frondoso tapiz que fue un amor deseado.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.