He venido a la orilla con los brazos tendidos
sin la actitud de quien reclama una respuesta.
Pensaba que ser humano
equivalía a erguirse frente al vendaval.
El viento empezó a atravesar las rendijas de mi orgullo
y el ego comenzó a desmoronarse.
Hay un misterio silencioso
en la manera en que la firmeza se transforma,
aceptando la muerte como el descanso indispensable
para que la sensatez surja.
El cuerpo reconoce que sus venas son viñas sedientas
que buscan la sabiduría en la humedad del mar.
El horizonte se traslada al interior del pecho,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.