Como un brazo de mar que se adentra en la tierra
(intentando encarar los vaivenes del tiempo),
me he dejado inundar sin poder alcanzarte:
solo ansiaba eludir tu mudanza inminente.

Con la sola esperanza de salvar lo que amé,
he venido a la orilla con los brazos tendidos,
y ha llegado hasta mí fetidez de pantano
que en mi ser ha dejado una atmósfera ajena.

Jamás hubo certeza de alcanzar tu arrecife:
no eras más que una isla con un náufrago propio.

Sobre suelo muy fértil he sembrado un futuro,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.