Sé mi dulce de café en la mañana.
Y en la tarde sé mi mayor amargura.
Para que cuando anochezca estés tú.
Mirándome a través de tus ojos fríos.
Segándome con tu sonrisa.
Por eso en esta madrugada.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
La que se marchita y florece con tu voz.
Y la que susurra al río tu despedida.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.