Tengo un nombre, pero atrapado en una maraña
de silencio y reducido a esqueleto he asumido
la condición de náufrago en algún confín del mundo,
donde el embate de un mar a la deriva observa
cómo se adhieren una barba y una larga cabellera
a mi rostro con dos ardidas antorchas.
Acompañada por el vaivén de mi respiración
y el insomnio de la inmensidad, la camisa rasgada
-un juguete para el viento- es estandarte de renovados arrojos.
Al no dejarme confundir por la nada, repudiando
las señales de humo y los mensajes en una botella,
me he declarado la guerra:
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.