Aquella mañana se tornó el cielo nublado,
sentados en esa sala de luz tenue,
podíamos percibir el pensamiento paralizado.

Creímos ser fuertes,
pero en lo más profundo del ser,
intuimos que algo desolador iba a suceder.

Al oír la revelación,
la vida se nos derrumbó
y el brillo de nuestros ojos se apagó.

Conseguimos hacer frente a la adversidad
y caminando juntos de la mano con amor,
fuimos superando nuestro pesar.

He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.