Vine a observarte a la distancia,
como todas las tardes desde que te fuiste;
el viento se cuela en mis pensamientos,
y me siento ave en busca de libertad.
La montaña ya conoce mi voz,
mis lágrimas han brotado creyéndose hacedoras del follaje de este risco.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca, el fango que atrapa todas las emociones y les anula su luz.
Basta el murmullo de tu risa para querer renacer, pero me he cansado de enviarte brisas sabiendo que no vas a volver.
Me vuelvo roca, cumbre fría que se apaga, volcán dormido cuyo magma ya se enfrió.
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.