De la mañana vengo, de la noche y el alba,
de semillas de luz en oscuras moradas,
busco un amanecer poblado con las hadas
que tejen transparencias entre el azul y el malva.
Un fruto duro y fértil protegido en su valva,
de profundo sabor con esencias calladas,
masa madre de panes que esperan sus hornadas
como un beso dorado que te muerde y te salva.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca,
un corazón de barro que vuela en sus raíces.
Una espiga de sol con los labios heridos,
el junco que se mece y el huracán no trunca,
y sueña, resistiendo, con las horas felices.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.