El vigía solo acierta a atisbar borrosas figuras,
paisajes que la pobreza de los sentidos,
no puede abarcar.

Este humilde y llano camino,
no tiene carteles, que marquen el tiempo,
no tiene ortigas, ni garma, ni ciénaga…

Camino de piedras gastadas,
árboles inclinados,
somos arena y viento.

Paralelo avanza, un riachuelo,
hojas y pequeños palos,
un mar extraño, donde
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.