El viento se mece, cálido y distante,
y tu voz ya no está entre esos árboles.
Te busco en los inalcanzables altares
que, vacíos, se derraman como mares.

Los jazmines se esparcen blancos como cristales,
y en tu ausencia brillan, ansiosos, anhelantes.
Tus manos tocan flores de cerezo ahora
y, por tu senda, yo jamás caminaré.

He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
Ahora soy la espesa hiedra que no me deja ver…
Ahora soy el perfume que no recuerdas.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.