Nos piden apellido, premio y palanca,
un padrino que abra la puerta cerrada,
un sello que diga quién sí vale,
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
Así llega el escritor nuevo, sin plata,
con ganas vivas pero con el bolsillo flaco,
desde Santa Marta aprendí que el verso no se compra,
se suda en la noche, se escribe desvelado,
con el mar de frente y el Tayrona de testigo,
que pongan mil palancas, que no se acaben nunca,
nosotros los nuevos ya aprendimos a brotar,
y a florecer sin permiso en cada grieta.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.