Navego a la deriva en un mar de dudas,
No hay capitán, ni barca, ni tierra esperada,
ni rumbo, solo la corriente, palabras mudas.
Solo yo, sujeta a la tabla, sin voz, sin nada.

Me fundo en el mar errático, fluyo con la marea.
Y en esto por fin, por sorpresa, avisto tierra.
No espero llegar, y observo, el agua me menea
acercándome a una orilla que quizás, me aterra.

Y sin embargo, alcanzo con mis pies entumecidos
un suelo inestable, escarpado y que la mar trunca.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
Y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.

Mis dudas se enterraron en la arena.
Mi esperanza se alzó de nuevo, serena.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.