Llegué buscando el nombre de la vida,
con las manos abiertas hacia el mar,
donde aprendí que amar es recordar
y que ninguna ausencia está perdida.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
para escuchar la voz de lo pasado,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
un corazón que nunca se ha marchado.
Que el tiempo no consiga borrar
lo que el alma conserva todavía;
pues vive en cada sombra la alegría
de aquello que no pudo naufragar.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.