He venido a la orilla con los brazos tendidos,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
dejando atrás los pasos de los días perdidos,
bebiendo de la tarde la luz que no se trunca.

El viento me susurra secretos de la arena,
y el río me devuelve la calma del instante;
ya no siento la prisa, la angustia ni la pena,
soy parte del silencio de este cielo distante.

Mis dedos se convierten en raíces bajo el suelo,
mis ojos son las hojas de un verde silencioso;
me abrazo a la memoria bajo el inmenso cielo,
flotando en la corriente de un tiempo misterioso.

Y aunque el sol de la tarde se apague en el invierno,
en la orilla del tiempo mi silencio es eterno.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.