No me preguntes del mar, es que a mis pies lo tengo
tengo el lamento gozoso que trae cada ola.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca.
Cuánta voz insiste y cuánta sale de mis párpados
de mi frente, de mi planta desnuda y fría
de esta boca que late, puro soplo batiente
al cielo avecinado que aún crece desde el pulso
hacia los labios distantes de amoroso aroma
búcaro rojo donde se deslíe el tiempo
en el mar, en su vaivén, en la fugaz memoria.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.