Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
Y mi cuerpo ajado, destruido,
aún te sigue en la noche esperando.

Tiempo en que la risa tornó a llanto.
Cimiento de confianza carcomido
por celos y reproches ofrecidos,
que acabaron nuestro amor quebrando.

Quise hacer las cosas de otra forma
pero, en el amor, no existen normas.
Todos mis intentos fueron vanos.

Te marchaste un día decidida,
rumbo hacia la puerta de salida,
con tu bolsa y mi alma entre tus manos.