No hay piedra que conjure el centro del mandala
ni a sus dioses desecados que trafican eternidad.
La marea multiplica los espejismos del naufragio
entre las estaciones intempestivas del tótem.
El tigre en el que creí me arroja bajo un sol muy negro,
un ojo sordo y despiadado que brilla como una brújula.
He venido a la orilla con los brazos tendidos,
como anunciando el insomnio, sus bordes sin pájaros,
sus muertes incesantes.
Y ahora ya soy la hierba que no termina nunca,
el punto de partida del desguace.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.