El aire se torna húmedo en la piel que me habita,
en la mirada viajera que me trae un atardecer soñado.
He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca,
la raíz que no cesa de horadar tu corazón enamorado.
Anhelo mutar en brotes tiernos que enreden nuestros cuerpos,
en gotas saladas que mojen estos labios de deseo,
en flores donde libar la miel que nos pertenece.
He venido, vengo, a tu orilla, con el alma levitando en un suspiro.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.