El sonido de la noche como una cadera acariciada
y miles de millones de latidos
violentos
calculando cuánto tiempo falta para el amanecer.

He venido a la orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…

Nadie.
Es decir, no lo sé.
Una luna mirando fijamente
la fotografía del alba.

Ver la noche morir a eso he venido.
En este rincón
del que no ha oído
hablar nadie.

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.