He venido a la orilla con los brazos tendidos,
buscando en el agua quieta la sombra de la luna,
y el viento, que conoce mis pasos más perdidos,
me ha dado por ropaje la niebla y la bruma.

Dejé atrás las puertas, los caminos, los nombres,
la sal de mis rencores, la herida y su dolor;
la tierra me reclama sin pedirme que me asombre,
y el río me bautiza con su lento rumor.

Mis manos se hacen raíz bajo el cielo de agosto,
mis pies beben la tierra despacio, sin prisa;
no queda de mi sombra ni el último rostro,
solo el verde que sube, la savia y su sonrisa,

en paz con lo que fui, con lo que no he vivido,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…

  • : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_política_de_privacidad_y_las_bases_de_este_concurso.