Huelo la humedad antigua que dejó tu paso,
el peso vegetal que se acumula en las manos.
Hay una sal oscura creciendo en la memoria,
un reino de ceniza donde fuimos eternos.
He venido a la orilla con los brazos tendidos.
Nadie responde al aire, sino el golpe del agua,
la piedra que sostiene su soledad de siglos.
No busco la luz alta ni el perdón del invierno:
me hunde la tierra entera hasta tocar tu sombra,
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca…
- : he_leido_y_estoy_conforme_con_la_
política_de_privacidad_y_las_ bases_de_este_concurso.